jueves, 10 de julio de 2008

Cheï


Cheï es la adaptación francesa a la grafía latina de una palabra que en árabe se pronuncia más o menos como shei. Su traducción al español vendría ser el vocablo “té”, aunque no es muy correcta. Lo que nosotros conocemos como té, esos trocitos de hojas secas que vienen de Ceilán, la India o China que se toman en infusión y que suelen venir preparadas bien en unas bolsitas hechas de un material que recuerda al papel o en unas cajitas de cartón o lata y que tienen pinta de ser de mayor calidad que las primeras (y más caras), en Mauritania se les denomina “lipton” y no tiene mucho que ver con el cheï. Este son unas hojitas secas que vienen en unas cajas de madera en las que está escrito en gruesos trazos negros “China Green Tea” y debajo “1 KG” y una serie de números que informan de la calidad de dichas hojitas. 

Para prepararlo se introducen junto con agua en un recipiente con forma de pequeña tetera, normalmente metálica y con un esmaltado azul, que se coloca sobre un camping-gas o sobre unas brasas y se deja hervir. Una vez que ha hervido se le aparta del fuego y se le añaden unas hojas de menta fresca y azúcar y se deja reposar. Se llena un pequeño vaso de cristal con el líquido y luego éste se vuelve a verter en la tetera; esta operación se repite varias veces, así se consigue que el azúcar se disuelva. Se hace una primera prueba y se corrige el azúcar de ser necesario. Luego es servido en unos vasos de cristal idénticos que el anterior situados sobre una bandeja metálica redonda elevada sobre tres patitas. Si las circunstancias y las capacidades de quien realiza la operación lo permiten, el líquido es escanciado en los vasitos y devuelto sucesivamente a la tetera; así se obtiene que en el fondo de los vasos se forme una espuma; si ésta es consistente y alcanza la mitad de la altura del vaso, se considera que esta parte de la operación se ha realizado correctamente. Como dije hace un momento, la falta de esta espuma es excusable bajo ciertas circunstancias, por ejemplo, si la actividad se realiza dentro de un vehículo en marcha. 

Rara vez se sirve llenando más allá del segundo tercio de capacidad del vasito. Lo normal es que el número de vasos sea inferior al número de personas que lo van a tomar. Poco importa. Se realiza una distribución equitativa comenzando por aquéllas a las que se quiere honrar socialmente y finaliza en la persona que lo ha preparado. Los que todavía no han tomado su parte, esperan pacientemente que aquéllos a los que se ha servido primero devuelvan el vaso, para que éste vuelva a ser llenado. Si alguno no desea tomar dicho líquido resulta de buena educación decirlo antes de que comience la operación, para que se puedan calcular bien las dosis. Antes de entregar los vasos, el que efectúa la operación seca el culo de los mismos con un trapo o, de haberla, sobre la alfombra en la que se encuentra sentado, si ésta no está en buenas condiciones. Esta operación se repite dos veces más, cambiando las hojas de menta de cada vez y añadiendo azúcar, pero utilizando las mismas hojitas. Frecuentemente entre las tres tomas se lava con un poco de agua y el frote de la mano el exterior de los vasitos. 

La primera vez que fui partícipe de esta operación fue en el despacho de RXXXX y le dije que en un libro llamado “Estudios Saharianos” se cuenta que las tres tomas del té simbolizan el primero la vida, fuerte como la vida; el segundo, el amor, dulce como el amor; y el tercero, la muerte, suave como la muerte.

“Eso es un gilipollez” contestó. “Se toman tres tés porque así podemos pasar más tiempo charlando y haciendo el imbécil en vez de trabajar, que es lo que tendríamos que hacer. En cuanto a lo del gusto del té, eso es porque no lo cambiamos, y no lo hacemos para ahorrárnoslo. Así, con un poco de té se pasa un buen momento.” “En todo caso” dije “me choca esto de tomar tan poca cantidad y repartida en tres tomas. No es suficiente para apreciarlo en cada vez. En Europa se preferiría juntar las tres tomas en una y así lo bebes y te quedas más a gusto”. “Quizás, pero así dura más”.

Nota: cuando este texto fue escrito, yo ni sabía que existiesen las cámaras digitales. La foto no es mía, si no que la encontré en http://zebrafish.info/index.php/Latest/Tea-in-the-Sahara-photo-published.html y además, el tipo que prepara el te es un targui, y no un moro (no hay mas que verle la aquilina nariz ...)

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