miércoles, 18 de agosto de 2010

Mitos y Leyendas



Si se coge la pista que sale de Andulo hacia Malanje y recorridos unos 20 km nos desviamos por otra pista más pequeña que surge a la izquierda, tras una hora de ruta avistaremos los restos de una misión católica. A pocos kilómetros de la misión la ruta cruza un rio por un imperceptible puente, a cuyos lados brotan palmeras y bambúes. Si quien conduce es de la zona, probablemente acelerará el coche justo antes de llegar al puente: “una vez por año, una gigantesca serpiente pasa por debajo de ese puente. Es tan grande que no se llega a ver al mismo tiempo la cabeza y la cola. Ese día, los sobas bailan y hacen ruido alrededor de las aldeas para que la serpiente no se les acerque”. “Así que una serpiente gigante, ¿eh? ¿Y tú la has visto? … Ya… y tampoco conoces a nadie, salvo los tales sobas, que la haya visto, ¿verdad?” “Si la serpiente mira a alguien, éste cae muerto envenenado. Sólo los sobas, con su ruido, consiguen mantenerla apartada”. Esto puede sonar muy exótico, pero la primera vez que oí hablar de serpientes descomunales fue de boca de una señora en un pequeño valle en Belesar, que juraba que hasta los americanos habían venido a estudiarla. Lo dicho, es más lo que nos une que lo que nos separa…

A unos metros más debajo de la misión brotan aguas sulfurosas que forman un regato que se acaba por unir al río que cruza el puente de marras. El agua sale a alta temperatura, y el olor no es a rosas precisamente, pero la población local gusta del sitio, porque además de ser bonito, el agua tiene “jabón”, con lo que es estupenda para lavar cuerpo y colada.

Desde ahí, si miramos al sur, veremos que estamos casi al pié de tres pequeñas montañas que se suceden. La del centro es la mayor y más ancha, achatada en la cima; un espeso follaje cubre las laderas de la pequeña sierra. Los lugareños afirman que a veces se ven luces en la cima de la mayor, así como extraños sonidos. Los artistas de los sobas dicen que la montaña está habitada por espíritus con forma de grandes monos que atacan a cualquiera que en ella se aventure.

El tedio y mis presunciones (en geofísica en este caso) me llevaron a la conclusión que la montaña mayor, de cima achatada y llena de eventuales simios agresivos, era un volcán del que se desprendían gases que daba lugar a las tales luces y ruidos; el agua sulfurosa confirmaba todo esto. Y los sobas y sus vecinos eran unos palurdos ignorantes, como la vieja de Belesar. Y para demostrarlo, nada mejor que subir a la cima. Con esos argumentos y alguna burla convencí a DXXX y Dxxx, dos angolanos compañeros de trabajo y amigos, y Mistral, un bullmastiff de 50 kg que tuvo a bien en su momento a mudarse a Kuito conmigo, a subir el volcán y descubrir el cráter y comerse a algún mono, si aparecía.

Después de tres horas de ascensión, que casi provocan respectivos paros cardíacos a Mistral y a mí, llegamos a lo más alto de la montaña. Por supuesto no había cráter alguno ni restos de lava. Ni siquiera vimos un macaco. Pero sí encontramos la ametralladora antiaérea de la foto, destruida de un pepinazo probablemente por los MIGs del MPLA y que los sobas consiguieron mantener oculta de la curiosidad desde el tiempo de la guerra.

Los mitos suelen tener una base de realidad. Sólo que los ignorantes no sabemos verla

viernes, 30 de julio de 2010

Una perla sobre ayuda humanitaria


Hace   años coordiné un programa de distribuciones alimentarias (trigo en grano y aceite vegetal) con ocasión de una sequía en el Sahel. Viajé de un lado a otro de Mauritania supervisando las distribuciones acompañado por personal de la organización local implementadora, entre ellos RXXX y DYYY.



Llegamos a Boghé, un hervidero de pasiones étnicas y políticas. Un punto en la ribera mauritana del rio Senegal donde una religión y dos culturas, pewl y mora, confluyen y se repelen. La elaboración de las listas de beneficiarios de las distribuciones de alimentos era, por tanto, un excepcional medio de pago de favores, compra de votos y castigo de adversarios. La prudencia y la ignorancia me hacen aceptar el único camino que veo posible tras tres días de deliberaciones por parte de las autoridades: que el Hakem, el alcalde y el consejo de ancianos las elaboren. Si luego alguien aparecía a recibir su parte con aspecto de no responder al criterio de beneficiario - esto es, ser madre jefe de unidad familiar, o anciano sin medios, ambos afectados por la sequía - ya sería descartado…
Cuando la camioneta comenzó a descargar los sacos de trigo y los bidones de aceite se encontraban en el lugar unas sesenta personas. DYYY y otros voluntarios cuelgan de los muros de una casa una pancarta con el logo de mi organización para la que trabajo, el de la organización “implementadora local” y el del financiador. Reculando unos pasos, consigo encuadrarla en el objetivo con los sacos y unos viejecitos sentados de aspecto depauperado. Buena portada para el informe de fin de misión.
Me dirijo a una tienda próxima a comprar cocacolas. Una linda joven moro-negra está comprando leche y me sonríe. Asiente encantada cuando le hago el gesto de tirar una foto. Elegantemente y siempre sonriendo despliega un billete de mil ouguiya sobre su pecho mientras posa.
Comienza a llover y los viejecitos apenas son capaces de levantarse. A algunos los llevamos al abrigo de un ala de tejado. Huele a tierra húmeda y hace un calor denso. Acabado el chaparrón, comenzamos a llamar a la gente por orden de lista: algunos no responden, pero sí sus hijos, o sus hermanos, o su mujer: “Está enfermo”, “ha viajado”, “nadie le ha avisado”. Los representantes de los poderes locales aceptan y excluyen a los sustitutos, afirmando o negando conocerles. Algunos ancianos se hacen acompañar de jóvenes que les ayudan a cargar su parte. Los últimos de la lista no recibirán nada: ha habido un error y se ha elaborado una lista con más beneficiarios que raciones. “Tú eres imbécil”, me dice DYYY. “La administración local sólo da comida a los partidarios del Gobierno y tú no haces nada”. RXXX observa y no pierde el tiempo en hacer comentarios. Tres días de retraso en un programa de distribuciones de emergencia pueden ser hábilmente manejados por quienes se han doctorado en pedir en nombre de otros. DYYY llena un par de botellas con aceite. “Es para mi tía. A ella también le ha afectado la sequía.”

Nota: me he sorprendido con la cantidad de imágenes que hay en la net de Boghé (pueblo pintoresco, pero que tampoco es como para tirar cohetes). Pero mi asombro tardó poco: los alegres muchachos del Peace Corps tienen ahí una base. Mientras espero por la máquina de escanear negativos, decir que la foto del post la he cogido de http://www.panoramio.com/photo/17986425
Me ha parecido, con diferencia, la más representativa del pueblo que encontré en Google