viernes, 30 de julio de 2010

Una perla sobre ayuda humanitaria


Hace   años coordiné un programa de distribuciones alimentarias (trigo en grano y aceite vegetal) con ocasión de una sequía en el Sahel. Viajé de un lado a otro de Mauritania supervisando las distribuciones acompañado por personal de la organización local implementadora, entre ellos RXXX y DYYY.



Llegamos a Boghé, un hervidero de pasiones étnicas y políticas. Un punto en la ribera mauritana del rio Senegal donde una religión y dos culturas, pewl y mora, confluyen y se repelen. La elaboración de las listas de beneficiarios de las distribuciones de alimentos era, por tanto, un excepcional medio de pago de favores, compra de votos y castigo de adversarios. La prudencia y la ignorancia me hacen aceptar el único camino que veo posible tras tres días de deliberaciones por parte de las autoridades: que el Hakem, el alcalde y el consejo de ancianos las elaboren. Si luego alguien aparecía a recibir su parte con aspecto de no responder al criterio de beneficiario - esto es, ser madre jefe de unidad familiar, o anciano sin medios, ambos afectados por la sequía - ya sería descartado…
Cuando la camioneta comenzó a descargar los sacos de trigo y los bidones de aceite se encontraban en el lugar unas sesenta personas. DYYY y otros voluntarios cuelgan de los muros de una casa una pancarta con el logo de mi organización para la que trabajo, el de la organización “implementadora local” y el del financiador. Reculando unos pasos, consigo encuadrarla en el objetivo con los sacos y unos viejecitos sentados de aspecto depauperado. Buena portada para el informe de fin de misión.
Me dirijo a una tienda próxima a comprar cocacolas. Una linda joven moro-negra está comprando leche y me sonríe. Asiente encantada cuando le hago el gesto de tirar una foto. Elegantemente y siempre sonriendo despliega un billete de mil ouguiya sobre su pecho mientras posa.
Comienza a llover y los viejecitos apenas son capaces de levantarse. A algunos los llevamos al abrigo de un ala de tejado. Huele a tierra húmeda y hace un calor denso. Acabado el chaparrón, comenzamos a llamar a la gente por orden de lista: algunos no responden, pero sí sus hijos, o sus hermanos, o su mujer: “Está enfermo”, “ha viajado”, “nadie le ha avisado”. Los representantes de los poderes locales aceptan y excluyen a los sustitutos, afirmando o negando conocerles. Algunos ancianos se hacen acompañar de jóvenes que les ayudan a cargar su parte. Los últimos de la lista no recibirán nada: ha habido un error y se ha elaborado una lista con más beneficiarios que raciones. “Tú eres imbécil”, me dice DYYY. “La administración local sólo da comida a los partidarios del Gobierno y tú no haces nada”. RXXX observa y no pierde el tiempo en hacer comentarios. Tres días de retraso en un programa de distribuciones de emergencia pueden ser hábilmente manejados por quienes se han doctorado en pedir en nombre de otros. DYYY llena un par de botellas con aceite. “Es para mi tía. A ella también le ha afectado la sequía.”

Nota: me he sorprendido con la cantidad de imágenes que hay en la net de Boghé (pueblo pintoresco, pero que tampoco es como para tirar cohetes). Pero mi asombro tardó poco: los alegres muchachos del Peace Corps tienen ahí una base. Mientras espero por la máquina de escanear negativos, decir que la foto del post la he cogido de http://www.panoramio.com/photo/17986425
Me ha parecido, con diferencia, la más representativa del pueblo que encontré en Google